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Sección Especial • Crisis Habitacional y Derechos Sociales
La vivienda es un derecho que no tendría que causar la muerte ni el desamparo
La crisis de la vivienda ha dejado de ser una cuestión que pueda contemplarse únicamente desde las estadísticas. Detrás de cada alquiler imposible, de cada contrato que no se renueva, de cada desahucio y de cada familia que no sabe dónde podrá vivir dentro de unos meses, hay personas con nombre, historia y dignidad.
El caso de Maricarmen Abascal, de 87 años, ha convertido esta realidad en una pregunta que interpela a toda la sociedad: ¿puede una persona llegar al final de su vida después de haber pasado décadas en su hogar y terminar enfrentándose al desamparo?
Maricarmen vivía desde hacía décadas en su vivienda de Madrid. Su caso acumuló años de litigios y varios intentos de desahucio. Tras su desalojo del 23 de septiembre, las movilizaciones por la vivienda se extendieron y dieron lugar a acampadas como la de Puerta del Sol. Finalmente, Maricarmen falleció el 7 de octubre. Los medios han recogido cómo su historia se convirtió en un símbolo de la crisis habitacional.
No corresponde convertir su muerte en un dato político más. Corresponde recordarla como una persona y acompañar a quienes la quisieron. Y corresponde también preguntarse qué mecanismos sociales, económicos, jurídicos e institucionales pueden evitar que otras personas atraviesen situaciones semejantes.
Las acampadas como expresión de una crisis
Las acampadas surgidas en diferentes puntos del país son una expresión de una movilización social que reclama que la vivienda sea tratada como un derecho y no únicamente como un activo económico.
En Barcelona, la acampada de plaza Catalunya llegó a reunir alrededor de medio centenar de tiendas y cerca de un centenar de personas, según Europa Press. En Madrid, la acampada de Sol se convirtió en uno de los principales puntos de referencia de las protestas.
El Sindicato de Inquilinas ha reclamado una huelga general por la vivienda y ha defendido que el problema de los alquileres afecta directamente a las condiciones de vida y a los salarios. CCOO y UGT anunciaron posteriormente una huelga general de 24 horas para este otoño.
Aclaración de Fechas: Según las informaciones publicadas el 7 y 8 de octubre, la fecha confirmada por los sindicatos es el 11 de noviembre. Por ello, cualquier convocatoria o cartel que hable actualmente del 19N debería comprobarse con las organizaciones convocantes antes de presentarla como una fecha oficial.
Una cuestión que ha atravesado a la izquierda
La crisis de vivienda también ha provocado posiciones y propuestas desde diferentes organizaciones situadas a la izquierda del PSOE.
El PCE ha reclamado movilización social después del rechazo parlamentario de los decretos de vivienda y ha situado la vivienda como una cuestión central para las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Izquierda Unida ha denunciado, a través de IU-Verdes de la Región de Murcia, que el caso de Maricarmen evidencia problemas estructurales de las políticas de vivienda y ha reclamado medidas frente a la especulación y los grandes rentistas.
Podemos ha defendido medidas de mayor intervención sobre el mercado de vivienda y ha reclamado, entre otras propuestas, actuaciones sobre viviendas en manos de bancos y fondos de inversión. También vinculó su posición sobre los decretos de vivienda a las reivindicaciones del movimiento de inquilinas.
Comuns, Movimiento Sumar, IU, Podemos, Más Madrid, ERC, Bildu, BNG y otras fuerzas participaron conjuntamente el 28 de septiembre en una comparecencia para reclamar medidas más amplias en materia de vivienda, entre ellas la regulación de los alquileres de habitaciones y la renovación de contratos.
En Catalunya, el Sindicat de Llogateres ha reclamado también una movilización general y ha mantenido la presión desde la acampada de plaza Catalunya.
Todo ello muestra que existe un debate político real sobre cómo abordar la vivienda: regulación de alquileres, protección frente a los desahucios, vivienda pública, alquileres temporales y de habitaciones, intervención sobre viviendas vacías y grandes tenedores, entre otras cuestiones. Las organizaciones difieren en el alcance y en los instrumentos que proponen.
Después de Maricarmen, la pregunta sigue abierta
El Gobierno aprobó el 29 de septiembre un nuevo real decreto-ley con medidas sobre alquileres temporales, actualización de rentas y protección de la función social de la vivienda.
Sin embargo, las organizaciones sociales consideran que estas medidas no resuelven por sí solas la dimensión de la crisis. La movilización continúa y los sindicatos han anunciado una huelga general para noviembre.
“ ¿Qué significa en la práctica reconocer constitucionalmente el derecho a una vivienda digna si una parte de la población no puede acceder a ella o puede perderla aun después de haber construido allí buena parte de su vida? ”
Una sociedad democrática tiene derecho a discutir las soluciones. Pero esa discusión debería partir de una idea sencilla: detrás de la palabra «vivienda» hay hogares, barrios, familias, personas mayores, jóvenes y trabajadores.
Y hay también memoria.
Un homenaje a Maricarmen y a sus seres queridos
A Maricarmen queremos recordarla más allá de las consignas.
Como una mujer que vivió durante décadas en un hogar que formaba parte de su vida. Como una persona que acabó convirtiéndose, sin buscarlo, en el rostro de una preocupación que afecta a millones de personas.
A sus familiares, amistades y personas queridas, nuestro respeto y nuestro cariño.
Que ninguna bandera, partido o reivindicación pueda borrar a la persona que había detrás de la noticia.
Que su memoria sirva para hablar de derechos sin olvidar nunca a quienes sufren cuando esos derechos no están suficientemente protegidos.
Y que la discusión sobre la vivienda no se reduzca a una batalla política, sino que permita construir soluciones capaces de evitar que alguien vuelva a encontrarse solo ante una situación de desamparo.
Maricarmen no debería ser solamente un símbolo. Fue una persona.
Y precisamente por eso merece ser recordada.
Maricarmen, la memoria de una mujer y la pregunta de toda una sociedad
Hay noticias que duran un día y hay historias que permanecen.
La historia de Maricarmen permanece porque detrás de su nombre hay una pregunta que no podemos apartar: ¿qué clase de sociedad queremos construir cuando una persona mayor puede verse obligada a abandonar el hogar en el que ha vivido durante décadas?
No quiero recordar a Maricarmen únicamente como el rostro de una protesta. Quiero recordarla como una mujer, con una vida, unos recuerdos, unas personas que la quisieron y un hogar que para ella significaba mucho más que cuatro paredes.
Por eso, mi primer pensamiento es para su familia, sus amistades y todas las personas que estuvieron a su lado. A ellos quiero trasladar mi respeto y mi solidaridad.
Después viene la pregunta colectiva.
Las acampadas de Madrid, Barcelona y otros lugares no aparecen de la nada. Son la expresión de un malestar acumulado durante años alrededor de los precios de los alquileres, los desahucios, la falta de vivienda asequible y la dificultad de muchas personas para desarrollar un proyecto de vida estable.
El movimiento de vivienda ha colocado estas cuestiones en el centro del debate público. El Sindicato de Inquilinas, organizaciones sociales y diferentes fuerzas políticas han planteado propuestas distintas. Los sindicatos CCOO y UGT han anunciado una huelga general de 24 horas para noviembre.
Se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con cada propuesta. Se podrán discutir los instrumentos, los costes, las competencias de cada administración y los efectos económicos.
Pero hay algo que debería unirnos: nadie debería ser tratado como un problema porque no puede pagar un alquiler que se ha alejado de sus posibilidades.

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