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UN MOMENTO ENTRE PALABRAS

Las personas que se sienten como casa

EPISODIO 4

Hola a todos. Bienvenidos una semana más.

Como ya sabéis, me gusta empezar cada programa retomando la pregunta que dejamos la semana anterior. En el último episodio estuvimos hablando de la importancia de escuchar. De escuchar de verdad, no simplemente de oír lo que otra persona nos está diciendo.

Y terminé dejándoos esta pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que sentiste que alguien te escuchaba de verdad?

Yo también he pensado en mi respuesta y enseguida me vino a la cabeza una muy buena amiga.

Hace poco estaba contándole algo que me preocupaba y hubo un momento en el que me fijé precisamente en eso: en cómo me estaba escuchando. En cómo me miraba mientras yo hablaba. En cómo acompañaba lo que le estaba contando. Sin juzgarme. Sin hacerme sentir que lo que estaba diciendo era una tontería. Simplemente estando ahí.

Y pensé: qué bonito es poder sentirte así con alguien.

Porque hay algo que siempre le digo a ella. Con ella siento que puedo ser totalmente yo. Es como estar en casa.

Y me gusta mucho esa expresión porque, al final, una casa no tiene por qué ser solamente un lugar. A veces una casa también puede ser una persona.

Alguien con quien no necesitas estar pensando constantemente qué decir, cómo comportarte o qué parte de ti enseñar. Alguien con quien puedes reírte muchísimo, hablar de cualquier tontería, contar algo que te preocupa o simplemente estar en silencio. Y seguir sintiéndote cómoda.

Creo que encontrar personas así es algo muy especial. Y no necesariamente son las personas que vemos todos los días.

En mi caso, por ejemplo, con esta amiga no nos vemos tanto como quizá nos gustaría. Cada una tiene su vida, sus responsabilidades, sus cosas… Pero hay algo que no cambia: sé que está ahí.

Y creo que esa seguridad es una de las cosas más bonitas que puede darte una amistad. Saber que no necesitas hablar todos los días para sentir que esa persona sigue formando parte de tu vida. Que el cariño no se mide por la cantidad de mensajes ni por cuántas veces os veis.

Hay amistades en las que puede pasar tiempo y, cuando vuelves a encontrarte con esa persona, parece que no haya pasado. Y eso me parece precioso.

Vivimos en un momento en el que estamos conectados constantemente. Tenemos WhatsApp, Instagram, mensajes, audios, llamadas… Podemos saber prácticamente a todas horas qué están haciendo otras personas.

Y, aun así, estar muy conectados no significa necesariamente sentirnos acompañados.

Podemos hablar con muchísimas personas y sentir que ninguna nos conoce realmente. Y también puede ocurrir lo contrario. Podemos ver poco a alguien y saber que, cuando lo necesitemos, podremos decir: «Necesito hablar». Y esa persona estará.

Para mí, ahí hay una diferencia enorme.

Porque una amistad no consiste solamente en compartir los momentos buenos. Claro que es bonito tener personas con las que reírte, salir, celebrar cosas o crear recuerdos. Pero también están esos otros momentos. Cuando tienes miedo. Cuando algo te preocupa. Cuando dudas. Cuando ni siquiera sabes explicar demasiado bien qué te pasa.

Y puedes presentarte delante de alguien sin tener que fingir que todo está bien.

Creo que ahí una amistad se vuelve todavía más especial. Cuando puedes ser tú también en tus días menos bonitos. Sin sentir que tienes que estar siempre bien. Simplemente tú.

Y quizá por eso decimos que algunas personas se sienten como casa.

Porque cuando pensamos en casa pensamos en un lugar donde podemos bajar un poco la guardia. Donde podemos descansar. Donde podemos ser nosotros mismos.

Y creo que algunas personas consiguen hacernos sentir exactamente eso.

Mientras preparaba este episodio me apeteció escribir algo sobre ello. No sé si llamarlo poema, reflexión o simplemente unas palabras que me salieron pensando en esas amistades que están incluso cuando cada una sigue su propio camino.

Dice así:

Llevas el aire de mis suspiros a otras partes,
dejas que mi llanto salga como el océano abierto,
liberando todos mis males.

Atravesamos montañas por caminos calmantes,
sin saber muy bien hacia dónde vamos.
Cada una por su lado.

Pero si te grito,
el eco te resuena,
y nos acompañamos
en el sendero perdido de la vida.

Qué bonito es tener a alguien
a quien poder tender la mano,
aunque sea desde una distancia frágil.

Y creo que eso resume bastante bien lo que quería contar hoy.

Cada una por su lado.

Me gusta especialmente esa idea. Porque tener una amistad bonita tampoco significa hacer todo juntas o estar siempre presentes físicamente. Cada una tiene su camino. Cada una avanza, cambia, vive sus propias cosas.

Pero de alguna manera sabes que, si gritas, el eco llega.

Y quizá eso sea también acompañarse. No recorrer exactamente el mismo camino, sino saber que en algún punto hay alguien a quien puedes tenderle la mano. Aunque sea desde lejos.

Y pensando en todo esto, también me he dado cuenta de que hablamos muchísimo del amor de pareja. La literatura, las canciones, las películas, la poesía… están llenas de historias de amor.

Pero creo que hay otro tipo de amor del que quizá hablamos menos y que también puede marcarnos muchísimo: la amistad.

Hay amigos que conocen versiones de nosotros que ya ni siquiera existen. Personas que nos conocieron cuando éramos más pequeños, cuando pensábamos de otra manera o cuando nuestra vida era completamente diferente.

Y hay otras que aparecen después. Casi por casualidad. Y un día te das cuenta de que esa persona que antes era una desconocida se ha convertido en alguien a quien le contarías algo que no le contarías a cualquiera.

Eso me parece muy bonito.

Al final, nuestra vida también se va escribiendo con las personas que pasan por ella. Algunas aparecen durante unas pocas páginas. Otras permanecen durante capítulos enteros. Y unas pocas nos acompañan durante gran parte del libro.

Pero creo que lo importante no es solamente cuánto tiempo permanece alguien. También importa cómo nos hace sentir mientras está.

Si podemos ser nosotros mismos. Si nos sentimos escuchados. Si podemos hablar sin miedo a sentirnos juzgados. Si podemos compartir nuestras alegrías, pero también nuestras preocupaciones. Y si sentimos que, aunque pase el tiempo, hay algo que permanece.

Después de aquella conversación con mi amiga pensé también que quizá no siempre somos conscientes de la suerte que tenemos cuando encontramos a alguien así.

A veces damos por hecho que esa persona sabe lo importante que es para nosotros. Pero también es bonito decirlo.

«Gracias por escucharme». «Gracias por estar». «Contigo puedo ser yo».

Porque si en el episodio anterior hablábamos del poder de escuchar, hoy quería hablar también de lo bonito que es encontrar a alguien con quien sentir que puedes ser tú. Sin medir cada palabra. Sin tener que explicar constantemente quién eres.

Alguien que conoce tus luces y también tus partes un poquito más complicadas. Y que sigue ahí.

No creo que necesitemos tener muchísimas personas así. Quizá unas pocas son suficientes. Personas que, aunque no veamos cada día, sabemos que están. Personas a las que podemos volver.

Personas que se sienten un poquito como casa.

Y, como cada semana, quiero terminar dejándoos una pregunta.

Esta vez me gustaría que pensarais en alguien. Puede ser una amistad de hace muchos años, alguien que apareció hace poco, una persona a la que veis muchísimo o alguien a quien quizá no podéis ver tanto como os gustaría.

Y la pregunta es:

¿Quién es esa persona con la que puedes ser completamente tú?

Esa persona con la que no tienes que aparentar. Con la que puedes hablar, reír, llorar o simplemente estar.

Pensad en ella.

Y quizá, si mientras escucháis esto os ha venido alguien a la cabeza, hoy podéis decírselo. No hace falta escribir un mensaje enorme. A veces basta con algo tan sencillo como:

«Gracias por estar».

Y bueno… hasta aquí nuestro cuarto Un momento entre palabras.

Gracias a Moments FM por dejarme compartir una semana más este pequeño espacio y gracias a vosotros por estar al otro lado escuchándome.

Si os apetece conocer un poquito más de lo que escribo y comparto, podéis encontrarme en Instagram como arroba alma punto de Milena.

La semana que viene volveremos a encontrarnos y empezaremos, como siempre, retomando la pregunta que hoy dejamos en el aire:

¿Quién es esa persona con la que puedes ser completamente tú?

Hasta entonces, cuidemos también a esas personas que, aunque estén siguiendo su propio camino, sabemos que siguen ahí. Esas personas que se sienten como en casa.

Un abrazo 🦋

Milena
UN MOMENTO ENTRE PALABRAS

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